Dije que no me iría, y mi intención es seguir dando clases hasta que
no pueda conmigo.
También dije que no sabría si esto seguiría llamándose Cibertaller, pero el nombre es lo de menos.
Cerré la puerta
demasiado pronto para que no corriese más aire, pero lo ideal es cortar el aire
sin cerrar la puerta. Con esto quiero decir que tengo nueve bajas, algunas por
decisión del alumno y otras por decisión propia (que así debería haber sido
desde el principio). Las reglas han cambiado, y en este taller se trabaja, con
o sin remuneración económica, y con el mismo respeto que requiere cualquier
actividad y profesor.
Tengo diez personas y necesito otras diez más, pero
diez personas que amen la escritura y se comprometan a atenderme, leerse mis
clases y entregarme los ejercicios; diez personas que sientan que la escritura
es parte de su vida, y no una forma de pasar el rato; diez personas que se
apunten al taller porque quieren mejorar, y no porque el profesor sea muy majo
y quieran hablar con él; diez personas que lean, luchen y trabajen todos los días,
con un hueco en su horario para las letras (lo hay, y hasta sobran horas).
El taller abrirá sus puertas del 10 de abril al 12
de junio.
Si alguien está interesado, aquí le dejo las nuevas
normas. Si las acepta y quiere formar parte de esta aventura, que deje un comentario
y en breve será respondido.
Muchas gracias.
Las clases serán
cada 14 días, el mismo tiempo que tiene el alumno para entregar las tareas
correspondientes, las cuales (salvo que el profesor lo crea conveniente) serán
de un mínimo de 3 páginas y un máximo de 6.
Los ejercicios
deberán entregarse a letra Times New Roman, con título, a interlineado sencillo
y alineación justificada (para tenerlo todo bien presentado a la hora de
colgarlo en el blog).
Es deber del
alumno entregar los ejercicios en el plazo de esos 14 días, siempre y cuando no
ocurra nada (creíble) que le impida entregarlo al día. “Hoy no puedo y me duele
la cabeza forma parte de la convivencia de un matrimonio, no de un taller de
escritura” (a mucha gente le ha dolido la cabeza todas las semanas a la hora de
hacer los deberes, de ahí este punto).
Se permiten
tres faltas, lo que indica que el alumno puede saltarse el plazo de entrega establecido
(si el profe no se entera antes) hasta un máximo de tres veces. Si lo repite,
será automáticamente expulsado del curso.
El profesor
corregirá los errores y fallos de los alumnos durante las cuatro primeras
clases; después, solo subrayará los errores que, cada autor del relato, tendrá
que saber corregir gracias a la teoría recibida.
De esos 14
días de plazo, se añadirá una semana más para que el alumno devuelva la tarea
corregida. Deberá cambiar los errores que el profesor le haya marcado.
Las clases por
Twitter no son obligatorias, pero sí el único lugar donde el profesor resolverá
dudas. Solo en la clase, por lo tanto, queda terminantemente prohibido
preguntar durante el resto de la semana. En caso de que el alumno tenga interés
en el curso y no pueda asistir, podrá enviar un mensaje al profesor, pero solo
relacionado con las clases impartidas, no nada que no se haya dado.
Si el alumno
no avanza a lo largo del curso y su nivel sigue siendo bajo, el profesor podrá
prescindir de él si lo cree necesario.
Si el alumno
presenta un escrito lamentable, el profesor se lo devolverá sin corregir.
Es deber del
alumno cumplir con todo lo mencionado, y deber del profesor entregar las clases
y los ejercicios cada uno de esos 14 días.
Es deber del
alumno responder a los mensajes que reciba del profesor cuando el tema se
refiera al curso.
Si una vez
empezado el curso, el alumno no quiere continuar (por el motivo que sea), es
tan sencillo como abandonar y no hacer perder el tiempo al profesor.
A veces, dos
ya son multitud. Ningún profesor estará de acuerdo con el otro, y si un alumno
se reparte entre dos profesores, solo se entorpecerá. O un curso u otro. No hay
más.
Algo fácil de
entender: primero la base de la casa y después el tejado. Si el profesor devuelve
un ejercicio lleno de marcas, significa que no está bien escrito, y por lo
tanto, será mejor atender a las clases antes de publicar un libro durante el
curso. Si los ejercicios no están bien, el libro tampoco (el profesor lo
repitió hasta la saciedad el curso pasado, pero no se entendió). El profesor
quiere que sus alumnos mejoren y puedan publicar un libro donde el corrector no
tenga más que retocar fallos mínimos, no marcar un arcoíris. Todo se hace con
el fin de que el alumno avance sin más esfuerzo que el que requiere la
escritura.
Los ejercicios
se mostrarán en este blog. Los derechos siempre serán del autor, y nunca del
profesor. El alumno tendrá que dar permiso al profesor para poder colgar su ejercicio,
si no, este último no tendrá derecho a hacerlo.
Yo, José Losada (como si lo jurase ante la Biblia) encargado
del Cibertaller literario por medio de la Asociación Kalpa de Castilla y León, me
comprometo a cumplir con mi deber como profesor de este curso, sin favoritismos
y dando fe de que las reglas serán las mismas para todas y cada una de las personas
que formen parte de él, por más veteranas que estas sean.
Me
comprometo también a mejorar la calidad de escritura de cada alumno, y de
manera totalmente desinteresada, tan solo pidiendo a cambio respeto y atención.
Así ha sido durante los tres talleres pasados, y así continuará siendo. Antes no
había reglas, pero lo vivido en los talleres mencionados las requiere.
Respeto,
atención y amor por la escritura. No hace falta más.
Os espero.
José Losada