jueves, 27 de abril de 2017

"Tras el corral" (Laura Martín. Grupo A)





   

                         

Esta es una historia sin importancia, que se desarrolla en un pueblo sin importancia, sobre unas personas poco importantes. Pero, como hasta el aleteo de una mariposa puede tener su importancia, presta atención.



*****


Clara era una mujer sencilla y humilde, cuya única pretensión era agasajar a su marido. Labraba la tierra con dedicación y cuidado, como todo lo que hacía. Su rostro, tal parecía dibujar un corazón, y el pico de viuda que coronaba su frente, acentuaba ese efecto.

Su marido, apodado El Sombrío, se mostraba al mundo huraño, vestido con harapos, cual mendigo a la puerta de una iglesia; hombre de pocas palabras y mal humor.

Ambos vivían en una casa discreta, arcaica para la época. Suficiente para ellos dos.

Los vecinos más próximos estaban a una hora a pie de distancia, pues a la pareja le gustaba la soledad. No recibían muchas visitas, solo compradores de huevos de gallina. Eran conocidos por tener los más sabrosos de la comarca.

En los últimos tiempos, la pareja padecía por el ruido que causaba el aeropuerto recién estrenado. Cada poco, surcando el cielo, los aviones se elevaban rugiendo como leones, ensordeciendo a El Sombrío, que se encogía tapándose los oídos, deseando que acabara pronto su calvario. A él, que adoraba el silencio, que no solía hablar más que con monosílabos a su esposa, el sonido le traía malos recuerdos. Clara, sin embargo, se lo tomaba con filosofía, pues había aprendido hacía tiempo a conformarse.

Una tarde, la mujer cuyo rostro refulgía amor, dejó a su esposo en el salón, descansando, mientras ella ponía trampas para las ratas que hacían peligrar a sus adoradas gallinas. En tanto que Clara colocaba el queso, una niña se situó, sigilosa, tras la campesina, observando cómo llevaba a cabo su labor.

—Señora, ¿es verdad que aquí vive el diablo? –dijo la chiquilla con voz inocente.

Clara se sobresaltó al oír el dulce sonido, y lanzó una mirada a la niña, entre divertida y enfadada.

—Dile a tus papás, que es de muy mala educación criticar a sus vecinos.

La muchacha no retrocedió, sino que se mantuvo erguida, sin quitar ojo a su interlocutora.

—Mis papás no critican, solo me advierten que no debo acercarme a la casa del diablo.

—Entonces, ¿qué haces aquí? Eres pequeña para un trayecto tan largo. Te podría pasar como a la niña de la caperuza roja. ¿Sabes de quién hablo?

La chiquilla, que no tendría más de ocho años, asintió con la cabeza y echó a correr sin decir adiós.

Clara sonrió, observando a la niña alejarse dando saltitos. Decidió no contarle lo sucedido a su marido, pues únicamente serviría para acrecentar su rabia. Ahora, debía dar de comer a sus bebés de plumas brillantes.

—Las mimas demasiado, mujer. A este paso, gastaremos toda su comida y, ¿cómo piensas reponer? –El Sombrío paseaba inquieto, de un lado para otro de la cocina, justo cuando Clara preparaba el pienso.

En los últimos tiempos, su esposa despilfarraba demasiado. Pronto tendrían que pensar en una solución realista. Clara estaba a punto de cumplir los 28; a partir de ahí, la mujer empezaba a ser menos fértil. Tendrían que pensar en tener hijos para que, en un futuro, se ocuparan de la granja. No le gustaba demasiado la idea. Él no había tenido una infancia feliz, y su vida actual tampoco era fácil. A veces, se sentía prisionero en una cárcel sin barrotes físicos, pero muchos emocionales. Tampoco sabía si sería un buen padre. No repetiría patrones, eso lo tenía claro, pero no estaba seguro de querer prolongar esa vida campestre.  Si conseguían tener descendencia, irían a la ciudad; ya había pasado mucho tiempo como para que nadie les reconociera.

—No te preocupes tanto. Siento una simiente en mi interior que germina despacio. Pronto se acabarán nuestras preocupaciones.

El Sombrío torció el gesto, disgustado por cómo Clara hablaba de su futura prole.

—Este niño nos ayudará en las labores, mujer, no servirá a otros propósitos.

—Pero…

—No hay nada más que hablar, así será. –El hombre se dirigió a su habitación, dando un portazo tras de sí. La decisión estaba tomada.



*****


—Te digo que sí, mamá, que les dio de comer un trozo de oreja. –La niña puso los brazos en jarra, enfadada porque su madre no la creyera.

—Eres muy fantasiosa, Lucía. Las gallinas no comen carne, y menos humana. –La mujer estaba dando la vuelta al pollo que tenía en el horno, algo que le pareció divertido dado el tema que estaban tratando.

—Ah, ¿no? Y tú ¿qué sabes?

—Ay, cariño, que sabe más el diablo por viejo. Además, ¿cómo hiciste para que nadie te viera? –Cerró la puerta del horno y se dio la vuelta, enfadada, pensando en que su hija se libró por poco de la ira de sus vecinos. Tenían fama de cascarrabias, en especial el hombre.

—Papá siempre dice que soy ágil como una gacela, y con el ruido de los aviones es fácil disimular las pisadas.

—Quita, quita, deja de decir chorradas, Lucía, que tengo mucha faena. –La mujer negó con la cabeza, dando la espalda a la niña.

—Pero, ¿y si es verdad lo que dicen? ¿Y si comen niños? –Lucía abrió los ojos, intentando dar énfasis a sus palabras.

—Con no volver a aparecer por allí, solucionado. Deja de molestarlos o se enfadarán.

Lucía frunció el ceño, había esperado un poco más de atención por su parte. Pero no importaba. Viviría una aventura y acabaría con los malhechores, como Sara y Tadeo Jones. Después sería considerada una heroína.

Le tomaría prestada la cámara de fotos a su padre; necesitaba pruebas. Suponía que eso no se consideraba robo, ya que una buena detective tenía que ser legal. Esperó a que su madre saliera al patio para entrar en la habitación de sus progenitores y buscar el objeto deseado. Tuvo un poco de cargo de conciencia al cogerla; si la estropeaba, su padre se enfadaría. Se la colgó al cuello y la escondió bajo su camiseta. Ya estaba preparada para su misión.



*****


El Sombrío fue a dar un paseo. Nada le disgustaba más que discutir con su esposa. Estaba harto del ruido de los aviones, de la huerta y, sobre todo, de las dichosas y sucias gallinas. Clara se desvivía por ellas, no entendía cómo podía conceder tanta importancia a las apestosas aves. Cierto que eran su sustento, pero podrían salir adelante con otros medios. Su vida, como creía ella, no dependía en exclusiva de la venta de huevos. A veces, se preguntaba qué hubiera sucedido con sus vidas si cada uno hubiera tomado su camino. Se sentía tentado a dejarla, había días que apenas soportaba su presencia. Pero, en el fondo, la necesitaba; de una manera enfermiza, pero así era. Era un hombre demasiado leal.

En su caminar, creyó ver una pequeña cabeza rubia que es escabullía tras los matorrales. ¿Quién sería? Decidió seguir sus pasos y descubrir lo que se traía entre manos.



*****


La campesina estaba en la huerta y, a través de las  ventanas, comprobó que la casa estaba vacía, ni rastro del hombre. Resuelta, Lucía entró, sabía dónde tenía que buscar. El bote con los restos de niños mutilados se hallaba en la cocina, lo había visto con sus propios ojos, así que, solo tenía que hacer unas fotos y largarse. Muy sencillo, y después, sería conocida como la rescatadora de niños, la honorable detective que logró la captura de dos infames asesinos. Ya podía ver a los niños en el patio, preguntándole de dónde había sacado tanta valentía.

La tapa del tarro era de rosca, y estaba apretada tan fuerte que, por un momento, creyó que no podría abrirla. Al fin cedió, y la niña desparramó sobre la mesa parte de su contenido. Adoptó una mueca de asco al exponer el macabro alimento. Trozos de cartílago de oreja, dedos diminutos troceados, y a saber qué más. Sacó la cámara y disparó unas cuantas fotos. Con eso le bastaría para completar su tarea.

—¡Qué haces, niña!

Lucía se giró, asustada, descubriendo a la mujer con el rostro desencajado de furia. Presa del pánico y sintiéndose acorralada, echó a correr hacia la puerta, pero Clara le agarró del brazo impidiendo la huida.

—¿Dónde crees que vas?, entrometida. –La campesina le arrebató la cámara de las manos y la tiró con fuerza al suelo.

—Suéltala, mujer. –Detrás, El Sombrío contemplaba la escena.

—No podemos, sabe demasiado. –La mujer apretó con fuerza a la chiquilla, que empezó a lloriquear–. La utilizaremos de alimento, así tendremos pienso de sobra y podremos quedarnos con el bebé, como tú quieres.

—¿En qué te has convertido? ¡Eso es asesinato!

—¿Y lo de nuestros hijos no?

—Papá y mamá nos enseñaron a hacerlo así. Si lo haces antes del primer llanto, no acabas con su vida, simplemente no se la das.

—No seas tonto, a todos y cada uno de ellos les latía el corazón.

—No es cierto.

—Claro que sí, don sensible. Eres igual que papá: pusilánime y cobarde. ¿También tú quieres abandonarnos?

El Sombrío se estremeció. Primero de pena, y después de rabia. Se acercó a su hermana, la asió y la zarandeó con fuerza, provocando que esta soltase a la niña, que huyó despavorida aprovechando la oportunidad que se le brindaba.

El hombre estaba enloquecido; Clara gritaba, y los aviones rugían sobre sus cabezas, ajenos a la desgracia que ocurría tras el corral.

15 comentarios:

  1. Magnífico, Laura. Como todos rus relatos🙌👍

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  2. Impactante. Terrorífico. Enhorabuena, Laura. Me ha gustado mucho tu relato. Me declaro tu fan. Un abrazo.

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  3. Muy impactante. Engancha hasta el final. Enhorabuena, sigue así :) :).

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  4. Te estás convirtiendo en una experta del terror. Pronto le haces sombra al profe. Muy bueno, Laura. Estremece-

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  5. Muchas gracias a todos por los comentarios! Me animáis a seguir!

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  6. Terrorífico y escalofriante... Me ha impactado. Felicidades

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  7. Muy diferente a tus anteriores relatos, Laura, pero me ha gustado. Felicidades!

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  8. Anda!!! Me has impactado. Muy buen relato, no me esperaba ese desenlace. Felicidades.

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  9. Me has dejado impresionado. Enhorabuena, muy bueno.

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  10. Bueno , os visito a este más que interesante blog , donde veo que hay muchos y buenos escritores unidos para crear algo muy bonito y es el aporte de cada uno .
    Lo iré leyendo poco a poco y desde luego en esté que me he detenido pq el titulo me llamo sinceramente la atención , me ha encantado como de algo que empezó " sin importancia" ha cobrado vida y de una manera absolutamente genial .
    Muy bueno .
    Gracias , un saludo.

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