jueves, 8 de junio de 2017

Un cambio de planes (Isabel. Grupo C)


La mujer del traje de cuero dejó el bolso en la estación. Subió las escaleras y se perdió con el bullicio de la gente. Solo le quedaba esperar la llamada de teléfono. La melodía sonó y se alarmó.

—¿Sí? —preguntó nerviosa.

—¿Lo has hecho? —habló una voz varonil.

—Lo dejé debajo del banco —le contestó nerviosa.

—Muy bien, Natalia. Ahora te quiero en casa. ¡Ya! —le ordenó y colgó.

Un temblor recorrió su cuerpo dando paso al miedo. Con solo pensar en estar en la misma habitación que él le entraba pánico. No entendía cómo una persona podía cambiar tanto con el tiempo.

 

De repente escuchó que alguien le llamaba.

—Señora, señora —Un joven se acercó con el bolso.

—¿Qué pasa? —intentó hacerse la despistada, como si no fuese con ella.

—Su bolso. Se le debió de caer —le dijo mientras alargaba el brazo ofreciéndoselo.

Dudó unos segundos si cogerlo, pero al final lo hizo.

—Gracias —Observó cómo el chico se alejaba.

 

Sin esperar más se encaminó de nuevo a la estación. No pudo ir todo lo rápido que necesitaba para no llegar tarde y no hacer enfadar a Mario. La falda de cuero le impedía dar largos pasos y los tacones no ayudaban. A Natalia no le gustaba vestir con ese estilo pero su novio le obligaba. Era el uniforme de sus chicas, como él decía. No le quedaba otro remedio que obedecer, si no tendría  un problema.

 

El teléfono volvió a sonar. Lo miró y dudó en cogerlo. Echó a correr como pudo. Bajó las escaleras. Vio a una pareja sentada en el banco donde tenía que dejar el bolso. Maldijo para su adentro. Tenía que esperar a que llegara el tren para que se fueran. Se sentó en el asiento continuo. El problema era serio. Un pitido sonó, y la sacó de sus pensamientos. Miró la pantalla y leyó su nombre. Dudó en cogerlo, pero lo hizo.

Mario —No le dio tiempo a decir más.

—So Puta… ¿Dónde te has metido? Llevo diez minutos esperándote chilló como un loco.

—Tu… tuve que volver a la estación… Un chico me ha devuelto el bolso, debió de verme —dijo sollozando con un hilo de voz.

—No te muevas de ahí. Voy para allá. ¡Prepárate! Inútil —Y sin más colgó.

 

Con cada segundo que pasaba su miedo aumentaba. Por su mente pasó la posibilidad de irse. Miró el bolso que nunca abrió y eso que no era la primera vez que le obligaban a realizar el mismo servicio. Era del tamaño de una mochila y de color negro. Dudó unos segundos pero al final deslizó la cremallera. Sus grandes ojos miraron con asombró. Dentro había mucho dinero. No se lo pensó más, se levantó y salió de la estación. Cuando dobló la esquina vio mo él bajaba las escaleras a toda velocidad. Le quedaba poco tiempo para poner tierra de por medio. Se situó cerca de la carretera para buscar un taxi. No pasó ninguno, aunque un coche paró.

—Hola, guapa. ¿Te subes? —No lo dudó. Abrió la puerta y entró dentro.

Buscó con la mirada la salida de la estación y lo vio allí plantando, con los brazos en jarra y mirando para todos lados. Giró la cabeza para esconderse, y se encontró con la mirada lujuriosa del conductor.

—Eres muy bonita. Ese conjunto de cuero te queda muy bien. Tienes unas piernas preciosas —dijo el hombre mientras soltaba una de las manos del volante y se tocaba la entrepierna.

 

Natalia lo miró con repulsión, pero no dijo nada. Le apartó la mirada. Necesitaba pensar qué hacer. Volver no era una opción. Recordó cuando vivió con Sofía, su antigua compañera de piso. Fueron buenos tiempos. Trabajaban en una agencia de viaje, fue así como le conoció. Él acudió con una chica para organizar un viaje de luna de miel porque se casaban en unos meses. En ella descubrió la mirada triste como la suya ahora. Mario le obligó a dejar el trabajo, se basó en que no lo necesitaba estando a su lado.

 

El coche paró en un polígono que estaba bastante oscuro. Sabía lo que iba a pasar, pero no le importaba. Era algo que hacía a menudo cuando cerraba uno de los negocios. Siempre le ofrecía como cortesía.

El desconocido se acercó. Llevó una mano entre sus muslos y empezó a subirla poco a poco. Se fijó mejor y comprobó que era bastante guapo, pero olía alcohol y tabaco. Una pequeña arcada hizo el amago de aparecer. Posó sus labios en su cuello y sintió cómo le besaba de forma suave.

Vamos atrás, estaremos más cómodos —le dijo.

Le ofreció su mano invitándola a salir. Se acercó a ella y se pegó a su cuerpo. Llevó sus manos a sus pechos y los manoseó. A la vez restregó su duro paquete en su pierna.

—Que bien hueles —Le invitó a entrar a la parte de atrás. Se tendió a lo largo del sillón. A continuación él se posó encima de ella. Le bajó el tanga y subió la falda hasta la cintura. Desabrochó los botones de la camisa de cuero dejando a la vista un sujetador negro. Sin pedir permiso sacó los pechos fuera de él y se lo llevó a la boca.

—Tengo prisa, no tardes mucho —le dijo Natalia mientras desabrochaba sus pantalones y dejaba libre su miembro.

—No corras tanto. Te voy a comer enterita —le susurró en el oído.

 

Una hora después le dejó en la calle dónde estaba la casa que compartió con su amiga. El hombre quiso pagar, pero no aceptó, después de todo no se lo pasó tan mal. Gracias a su aparición pudo librarse de Mario.

Con el bolso lleno de billetes llamó al timbre. Tardó más de la cuenta en responder.

—¿Quién es? —preguntó su amiga.

—Abre, soy Natalia —Un pitido sonó como indicador de que empujara la puerta para abrir. Subió las escalera hasta el primer piso. Sofía estaba esperando en la puerta con su pijama de los Tarta de Fresa.

—¿Qué pasa? El loco de tu novio no ha parado de llamar, hasta ha venido aquí el muy cabrón.

—¿Te ha hecho algo? —le preguntó.

No, tranquila. Ese a mí no me toca ni un pelo —Cerró la puerta y se sentaron en el sillón. Natalia le contó todo lo que había ocurrido, pero se reservó lo del tipo del coche. No quería echar más mierda sobre ella.

Sofía cogió el bolso y lo abrió. Sacó el dinero y lo colocó en la mesa. Contó unos cincuenta mil euros.

—Niña, con todo eso te puede ir de aquí y empezar de cero —le animó.

—Y, ¿a dónde voy? —Volvió a guardar todo en el bolso—. Necesito darme un baño. Déjame algo de ropa.

Su amiga entró a su dormitorio, salió con unos pantalones, una camiseta y ropa interior. Natalia entró al baño. Abrió el grifo de la bañera y esperó un poco a que saliese el agua caliente. Se desnudó. Su cabeza recordó fragmentos de su vida. Lamentó los últimos años y se regañó por llegar hasta el punto donde se encontraba. Se acercó a tocar el agua y la reguló para obtener a su gusto. Escuchó a su amiga hablar con alguien y le extrañó. Entró dentro de la bañera y se dio una ducha rápida. Quería poner tierra de por medio lo antes posible.

—Ya he terminado. Tengo hambre, ¿tendrías… ? —No pudo terminar la frase. Se quedó helada a ver a Mario plantado en el salón al lado de Sofía—. ¿Qué hace él aquí? ¿Lo has llamado tú?

Su novio cogió de la cintura a su amiga. La pegó a su cuerpo y la besó. Natalia miró con asombro con una interrogativa mirada. Se encontró desconcertada.

—¿Qué ocurre aquí? —preguntó nerviosa.

Se miraron con complicidad. Él avanzó hasta ella y la cogió del brazo.

Pensaste que me ibas a engañar. ¿Dónde está el dinero? —Le zarandeo tirándola al suelo.

Se levantó con lentitud observando sus movimientos, temía recibir un golpe. Avanzó hasta el sillón donde estaba el bolso, lo cogió y se lo alargó. Con brusquedad se lo arrebató de las manos.

Sofi, ¿qué ocurre contigo? —preguntó Natalia.

—Ja, ja, ja… Qué tonta has sido. Tu querida amiga siempre ha estado a mi lado y antes de que la conocieras. Ja, ja, ja. Ella me avisó que tenía una nueva compañera de trabajo. ¿Cómo crees. que sabía todo lo que hacías? —Se acercó de nuevo a ella y le tocó la mejilla—. Solo te quería usar para los negocios. Esta noche casi me metes en un gran problema.

Mario tiró de ella con fuerza y casi le hace perder el equilibrio.

—Nos vamos, pero antes vuelve a ponerte el traje de cuero —Le acompañó hasta el baño. Se cambió de ropa con rapidez.

—Yo no voy a ningún sitio. Ya tienes el dinero, déjame en paz. ¡Por favor! —suplicó.

—No hija. Vas a rendir cuentas. Hay unas personas esperándote y están muy enfadados —le comunicó con rabia—. No tardo, Sofi.

 

Salieron a la calle. Hacía frío a esa hora de la noche. No se veía ni una mosca en la calle. Aparcado estaba el coche con Darío al volante. Subieron y arrancó. No sabía a dónde le llevaban. Por cada segundo que pasaba su nerviosismo aumentaba y el miedo le consumía. Llevaban casi media hora en la carretera cuando sintió que la velocidad del coche se reducía. Paró delante de un gran portón que a los segundo se abrió. El vehículo avanzó y recorrió unos metros. Estacionó en frente de una enorme casa. Dos personas vestidas con trajes estaban esperando. Mario bajó, ella quedó dentro. Se acercó a los hombres, le saludó estrechando las manos y le entregó el bolso.

—No has hecho perder un tiempo muy valioso esta noche —dijo el individuo que parecía más mayor—. Nos toca justificar por qué el dinero no estaba en su lugar de recogida.

—Le pido disculpa. Tuve un problema con una de las chicas —dijo señalando hacia el coche.

Natalia reconoció a esos hombres. Había compartido más de una vez su cuerpo con ellos. El hombre que no habló se acercó hasta el coche y miró dentro. Una sonrisa sátira asomó en su rostro.

Mira a quién tenemos aquí dentro —Ofreció su mano invitándole a salir—. Vamos, muñeca. Verás lo bien que te lo vas a pasar con nosotros.

Mario subió al coche y se fue. Natalia con un llanto profundo y silencioso pudo ver cómo se alejaba. Estaba aterrorizada. La cogieron del brazo y entraron dentro de la casa. La puerta se cerró.

 

Una semana después Sofia estaba viendo las noticias. Lo que escuchó le sobresaltó y la cobardía se instauró en su cuerpo. No esperaba eso.

«Anoche un hombre que paseaba con su perro encontró a una chica muerta en el descampado situado en las mediaciones de la universidad de derecho. Parece que la causa de la muerte fue por una sobredosis. Responde al nombre de Natalia Suárez Héroe de veintiún años. Vestía un traje de cuero»

18 comentarios:

  1. Fantástica Historia. Enhorabuena, me ha gustado desde principio a fin. Saludos.

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    1. Gracias, Merche. Me emociona que lo leáis. Besos

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  2. Buen relato, compañera. Enhorabuena👏👏

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    1. Gracias por decir que esta bien. Besos.

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  3. Buen relato. Enhorabuena, compañera👏👏

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  4. Está muy bien y me gusta mucho que utilices diálogos. Los echo mucho de menos en algunas novelas y creo que son muy importantes

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    1. Gracias, Sandra. A mí también me gusta los diálogos. Besos

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  5. Te mantiene con la intriga hasta el final. Felicidades!

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    1. Hola. que bueno que mantenga la intriga. Gracias.

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    1. Gracias Dolors. Me pongo nerviosa por vuestros comentarios. Besos

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  7. Hola, Isabel. Me ha gustado la historia, mantiene el interés en todo momento. Felicidades!!!

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