viernes, 9 de diciembre de 2016

"¿Te acuerdas?" A.G.Keller

           
Coral Springs, 11 de Agosto de 2016

Querido Santiago:

¿Te acuerdas cuando nos conocimos? A pesar de que llevamos compartiendo una década, siempre he querido hacerte esa pregunta. No sé por qué he temido que me digas que no lo recuerdas con claridad. Y ahora que lo pienso mejor, he llegado a la conclusión de que quizás mi miedo se deba a que no sientas lo mismo que yo; para mí ese día fue uno de los más especiales que he vivido, y de alguna manera, siempre he fantaseado con que fuera el tuyo también. Lo he rememorado cada vez que atravesábamos un mal momento; me ayudaba a levantarme de esos duros tropiezos que debíamos afrontar, como cuando nos anunció el doctor que tenía cáncer en mi seno derecho. También el día que me aseguró el otro doctor, López. ¿Te acuerdas? Aquel hombre de cabellos canosos, y barba bien rasurada; ese sujeto que nos confirmó con una expresión melancólica que debido a mi condición nunca podríamos ser padres; nunca tendríamos ese bebé que tanto anhelábamos para completarnos, ese bebé que sería una extensión de los dos.

En este momento, mientras escribo, las imágenes aparecen en mi memoria como una película vieja, de esas mudas en blanco y negro en dónde los actores manifiestan su amor con muecas y tiernas expresiones. Y allí estas tú, Santiago, mi querido amor de juventud; con tu amplia sonrisa llena de promesas, contemplándome con devoción, con tus absorbentes ojos marrones, esos que me encandilaron con una pasión desmedida y un brillo que destellaba incertidumbre. Pero sobre todo, recuerdo tú tacto, y esa manera de sujetar mi mano, ni muy fuerte ni muy débil… dejándome saber de algún modo que eras una persona equilibrada. Sin embargo, aunque ya tu respuesta no tenga las más mínima importancia, deseo escribirte estas líneas y despedirme de ti como es debido.

Sí, mi querido Santiago, han pasado diez años de aquella bonita primera vez; diez años en los que hemos compartido momentos buenos y terriblemente dolorosos. Diez años que se quedarán grabados en mi memoria, como aquel día que te conocí. Pero ha llegado mi hora de partir; me voy a un lugar donde nunca podrás encontrarme. Nuestro tiempo llegó a su fin; para cuando estés leyendo este mensaje, yo me encontraré en otro país. Me habré marchado para ya no seguir siendo un estorbo en tu vida, porque es así como me he sentido por los últimos cinco años en los que hemos intentado formar una familia.

Quizás esta nota sea para ti una buena noticia, la carta liberadora con la que has estado soñando en secreto… quizás a partir de ahora, y sabiendo que me encuentro lejos, seas honesto con esa chica a la que engañas desde hace… ¿tres, cuatro años? (No pongas esa cara de sorprendido, porque has sido tú el que ha dejado pistas por todos lados, deseando que las encontrara.)

A pesar de todo, no le di importancia a tu romance, justificando el hecho de que he estado por un prolongado período con el lívido bajo; pero me enteré hace una semana que tuvieron un hijo al que llamaron Santiago, para seguir la tradición. Me sentí horrible (no te lo voy a negar), pero necesitaba constatarlo con mis propios ojos. Así que decidí seguirte una tarde (creo que no te diste cuenta, ¿o sí? Eso nunca lo sabré). Detuve el coche casi al frente de tu otra casa… esa de la esquina con Comercial y la avenida Atlántico. Sí, la de ventanas grandes de color marrón, y un pequeño jardín lleno de tulipanes amarillos; allí, te vi sacarlo en brazos, meciéndolo para que le diera la luz del sol. Y aunque mi corazón se oprimió dentro de mi pecho al verificar que todo lo que se rumoraba era cierto, pude notar en ti aquella sonrisa que hacía ya tanto tiempo no desplegabas, y que lucía llena de orgullo y agradecimiento.

Me despido en estas líneas. Si bien de alguna manera me siento triste por cómo las cosas terminaron entre los dos; también me siento exonerada de una culpa que, por una larga temporada, he llevado a cuestas al no poder darte ese hijo que tanto ansiabas. Sé feliz con tu nueva familia, mi querido Santiago, que yo intentaré serlo sin ti; y por favor, no te preocupes por mí, estoy satisfecha al tomar esta decisión que por tu cobardía, he tenido que escoger por los dos.

Siempre tuya.

                                 Leticia.

5 comentarios:

  1. Muy triste, sentido y duro. Y la firma... me dio un vuelco el corazón.
    Enhorabuena, el resultado llega al alma.

    ResponderEliminar
  2. Me pareció muy impactante. Precioso, Adriana. Besos.

    ResponderEliminar