martes, 8 de agosto de 2017

Relatos de verano: Una vez lo fui todo (Yazmina)




La soledad me embriaga, como el vino al alcohólico, y todo es por tu culpa. No sé dónde andas ni si estás con ella ni si piensas en mí de vez en cuando. Pero me siento sola… si sola… muy sola… Acaso no te das cuenta de que estoy aquí, esperándote. Anhelando algo de cariño, buscando algo de atención. Se suponía que somos amigos, aunque creo que eso es una excusa para callarme la boca.

Sabes que las cosas no son tan fáciles para mí que para ti. Yo no pude acabar con lo nuestro de un día para otro como hiciste tú; dando carpetazo a una relación de tres años, como si nada. No creo que pida mucho: una llamada, un saludo, un mensaje de Whatsapp… algo que me indique que te acuerdas de que existo.

No lo haces y sé que es por ella. No me puede ni ver, porque tú no eres así.

Mi mirada se pierde entre el gentío, la veo pasar delante de mí y ni me mira, cómo haces tú. Indiferente ante mi tristeza, metida en su rutina. Estresada, amargada y sumida en sus propios problemas. Sin mirar a los lados, sin pararse a escuchar al prójimo.

¿Pero quién soy yo para juzgar a nadie? Si hago lo mismo que el resto, lamentándome de mi suerte. De lo que siento por ti al verte, oírte y tenerte cerca… siempre con un “yo” por delante, pues no puedo dejar a un lado mis sentimientos.

No sé cómo acepto ser tu amiga, quizás porque no quiero que sepas lo mal que me siento, ni lo jodida que estoy por dentro. Ni el lamentable estado de mi roto corazón. Ahora no me parece tan mala idea lo de repartirnos los amigos. Aunque no quiero ser yo la que te diga de hacerlo, mi orgullo me lo impide cada vez que quiero hacerlo. Pero lo peor es ver cuando la besas a ella, esa chica que ocupa mi lugar.

Me consuelo pensando que no te hace sentir lo mismo que yo, que ella no sabe que si te besa detrás de la oreja y te susurra al oído, cosas que jamás pienso decir a otra persona, te excitas. Una de tantas artimañas para tener una loca noche de sexo.

Aún lo recuerdo, como si estuvieras aquí conmigo. Noto tus manos en mi cintura, me envuelves con ellas, no paran quietas. Sé lo que buscas y me dejo llevar. Poco a poco tus ojos me llaman y me pierdo en el fuego que tiene tu mirada. Sin embargo, son tus labios los que me invitan a pecar a dejarme arrastrar por la tortura de mis sentimientos.

Al estar tan enamorada de ti, siempre consigues lo que te propones de mí. Soy débil y frágil en tus brazos. Además de hacerme gritar como ningún otro.

Pero ya no eres mío, ahora estás con ella. La guarra que te rodea con sus brazos cuando me ve. Lo hace porque sabe que te quiero, que no acepto esto y, que con una sola palabra tuya, estoy a tu lado, besándote.

¡Qué triste es pensar que una vez lo fui todo para ti! Y ahora lo es otra.

Es muy triste…

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